
Durante mucho tiempo, decir Colombia fue decir café. Pocos sabían que en esa misma tierra crece uno de los mejores cacaos del planeta: un Cacao Fino de Aroma que cultivan familias campesinas en el Huila, en Nariño y en otras regiones del país.
I · La convicción
Eduardo Milkes admiraba las chocolaterías europeas: vitrinas donde cada bombón se exhibe como una joya, se elige con calma y se regala como algo especial. Y tenía una convicción: el mejor cacao del mundo es colombiano, y aun así nunca había tenido el lugar que se ganó su compañero de siempre, el café.
En 2019 decidió darle ese lugar. Así nació Ketóret: una chocolatería con alma europea y raíz colombiana, donde el cacao es, por fin, el protagonista.

II · El nombre
Ketóret (קטורת) es la palabra hebrea para la ofrenda de incienso sagrado, que se preparaba con una receta precisa y se entregaba con devoción. Es un nombre que habla de lo que hacemos: preparar con precisión algo valioso para que alguien lo ofrezca a quien quiere.
Nuestro logo lo cuenta a su manera: un árbol dorado cuyas hojas de colores son la variedad de nuestros sabores, dentro de un marco de líneas finas, como la vitrina de aquellas chocolaterías que nos inspiraron.
III · El oficio
En Ketóret las cosas se hacen despacio. Trabajamos solo con Cacao Fino de Aroma: el de Tumaco, en el Pacífico nariñense, para la tableta de 85 %, y el del Huila, tierra también de café, para la de 70 %. Cada bombón se pinta a mano, uno por uno, y cada pieza pasa por un proceso que respeta la temperatura, el tiempo y la mano del chocolatero.
IV · La promesa
Con el tiempo quisimos que ese cuidado no fuera solo una palabra. Así llegó la certificación Kosher, una de las más exigentes para alimentos: revisa cada ingrediente y cada paso de la producción. Para nosotros no es solo un sello; es una promesa de calidad y trazabilidad.
V · Hoy
Cada caja que sale de nuestro taller en Bogotá lleva la misma idea con la que empezó todo: que el cacao colombiano merece un lugar en la vitrina. Y que un chocolate hecho así existe para celebrar, conectar y compartir los dulces momentos de la vida.